Hace unos meses, la diócesis de Mazara, en Italia, acogió con pompa un trozo de madera de la patera naufragada en Cutro en 2023 y lo ofreció a los fieles como una reliquia a venerar en una peregrinación de un mes. Recogía la noticia el portal Brújula Cotidiana. A partir de este hecho, es lícito preguntarnos qué es una reliquia y si un trozo de embarcación que transporta a personas, en su mayoría musulmanas, que pretenden entrar de manera ilegal en los estados europeos, puede considerarse una reliquia.
Según el diccionario de la Real Academia de Lengua Española, una reliquia sería un “resto del cuerpo de un santo, u objeto relacionado con él, que se veneran por considerarse sagrados”.
En la página web de la
Archidiócesis de Bogotá leemos al respecto que “la reliquia de los Santos son
los restos del cuerpo o de una vestimenta de quien fuera un “Santo”, es decir, alguien que vivió en serio en Mensaje
Evangélico y se jugó la vida de manera heroica por el Señor. La veneración
a las reliquias comenzó a darse muy fuertemente con el culto de los mártires,
durante el periodo de las persecuciones, en las catacumbas. En ese lugar se
sentían más protegidos para celebrar la Misa y también allí guardaban,
celosamente, para la veneración de los fieles las reliquias de aquellos que
habían sido martirizados. Esta veneración de los restos se fue ampliando en la
Iglesia a todos los que, de una manera u otra, se les consideró “santos”.
Las reliquias pueden ser de tres grados: 1) un
fragmento del cuerpo; 2) un fragmento de su ropa o de algo que el santo usaba
durante su vida (rosario, Biblia, cruz, etc.); 3) objetos asociados con el
sufrimiento de un mártir.
Si la reliquia está necesariamente asociada a un santo, a alguien que vivió y murió por el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, ¿puede un trozo de cayuco o patera que transporta personas musulmanas ser considerada una reliquia? Es obvio que la respuesta es no.
Por esa razón, el citado artículo de la Brújula Cotidiana se refiere a la reliquia del cayuco como un fetiche que muestra los frutos de la ideología inmigracionista que confunde a los pobres “esclavos” de la emigración con mártires. Y va más allá, mostrando la gravedad de este asunto: “Para una Iglesia que está reescribiendo su arsenal teológico en clave inmigracionista no podía faltar la parte que concierne a la veneración de los fieles. Y ya la han encontrado: un trozo del casco de la patera que naufragó frente a las costas de Cutro el 25 de febrero de 2023 en una trágica travesía que costó la vida a 94 personas ha sido elevado ahora a la categoría de reliquia”.
El obispo
Angelo Giurdanella autorizó en diciembre de 2024 la veneración de ese pequeño
fragmento de madera de la patera que transportaba a los emigrantes. El
fragmento, elevado a la categoría de reliquia, ha sido llamado KR46M0
y ha sido elaborado por un taller de Val Bormida, que tuvo la idea de tomar el
fragmento de madera, enmarcarlo para darle “empaque” y darle un nombre más que
simbólico: el de un bebé, el niño encontrado muerto en la playa de Crotone al
que nunca fue posible dar una identificación precisa y que se convirtió así en
el símbolo de aquella tragedia. La idea de convertirlo en una reliquia fue para sorpresa de nadie
de una religiosa, Alessandra Martin, que responde en
nombre de la oficina diocesana para las migraciones y la movilidad humana, que
puso en marcha una peregrinatio en toda la diócesis de Mazara hasta
el 10 de enero de 2025. Una peregrinación para su veneración, como ocurre con
las reliquias.
Lo que no han tenido en cuenta ni la religiosa ni su obispo es que
obviamente el objeto en cuestión no es una reliquia, como ha denunciado la
asociación Iustitia in Veritate, argumentando que las reliquias están reguladas por los cánones 1186 - 1190 del Título IV
del Código de Derecho Canónico, dedicado al culto de los santos, de las imágenes
sagradas y de las reliquias para favorecer la santificación del pueblo de
Dios. Especifican “lo que sólo puede ser calificado como tal y conservado en un
lugar sagrado y venerado en el culto de la tradición cristiana (Congregatio
de causis sanctorum, Instructio. Reliquiae in Ecclesia: fides et
conservatio, 8 de diciembre de 2017, art. 25)”.
“En definitiva - afirma el artículo de la
Brújula Cotidiana-, la Iglesia siempre ha tratado el asunto con extrema
prudencia, tras un discernimiento de lo que
es sobrenatural que posteriormente lleva a su aprobación y propuesta. En cambio,
aquí nos encontramos ante un intento de imponer ex novo algo que
no tiene nada de sagrado, desvinculado de la tradición, que fuerza su
naturaleza y desvía un camino espiritual sano y la fe del pueblo de Dios. Es un
intento que sólo el desconocimiento de las cosas por parte de la jerarquía
puede hacer creer útil y proponer lo que no puede ser una realidad espiritual,
construyendo así un dios a su gusto con el que cree que está
colaborando en la creación de una realidad”.
Hay que decir que la idea de utilizar partes de pateras
naufragadas con una finalidad “sagrada” no
es original de la diócesis de Mazara, sino que ya había sido propuesta por el
mismo Papa Francisco al inicio de su pontificado. Tal vez no prestamos la
suficiente atención, entre perplejos y desconcertados con el nuevo estilo de
pontificado como estábamos. Pero el Papa Francisco,
en su viaje a Lampedusa en 2013 – primer
viaje que realizó - utilizó precisamente un báculo y unos vasos sagrados
realizados con madera procedente de las partes rescatadas de una embarcación
que había naufragado en la costa siciliana. Ahora con este “truco” se ha ido
mucho más lejos, porque utilizar la palabra “reliquia” y “peregrinación” sólo
invita a los fieles a la veneración, con la consiguiente confusión provocada a
las almas.
“Curiosa
deriva – afirma el artículo
de la Brújula Cotidiana-: hoy el tradicional culto a las reliquias de los santos se
considera desde el progresismo eclesial algo anticuado, algo
que recuerda una idea de Iglesia anclada en tradiciones y devocionalismos que
la gente ya no siente. Y, sin embargo, se fabrican artefactos a los que se
asigna el nombre de reliquias y no lo son”. Por penosa que sea la situación,
los emigrantes muertos por la crueldad de las mafias de trata de personas que
les sacan el dinero, les engañan y les exponen al riesgo de una peligrosa
travesía no son mártires, sino
víctimas de un cruel tráfico humano. “Pero en la nueva verborrea de la Iglesia inmigracionista, esta nueva idea de que los ´migrantes´ son
un nuevo tipo de mártires va cobrando fuerza”.
Más papista que el papa, a principios de diciembre de 2024, el
nuevo – y nefasto - obispo de la diócesis de sant Feliu, sufragánea de
Barcelona, en la ceremonia de su consagración, lució una cruz pectoral elaborada con un marco seguramente de plata rellenado
con madera de cayuco y una barcaza en
medio con su lema episcopal, “humilitas”. Todo un despropósito: en primer
lugar, en el sitio donde debería estar el Crucificado, se coloca la barca; en
segundo lugar, de nuevo, la sustitución de los santos y los mártires por la ideología inmigracionista. Porque la
cruz pectoral es aquella que usan los obispos y algunos abades colgada al
cuello como signo de su dignidad. Para la celebración litúrgica, mientras se
pone la cruz pectoral, el obispo recita la siguiente oración: “Muníre dignéris
me, Dómine Iesu Christe, ab ómnibus insídiis inimicórum ómnium, signo
sanctíssima Crucis tuæ: ac concédere dignéris mihi, indigno servo tuo, ut,
sicut hanc Crucem, Sanctórum tuorum relíquiis refértam, ante pectus meum téneo,
sic semper mente retíneam et memoriam passionis et sanctórum victórias”, que
puede traducirse como: “Dígnate, Señor Jesucristo, protegerme de todas las
trampas mis enemigos por el signo de tu
Santísima Cruz: y dígnate concederme a
mí, tu siervo indigno, que esta cruz que tengo sobre mi pecho con las reliquias
de tus santos en su interior, me permita tener siempre en mi mente el recuerdo
de tu pasión y las victorias de los santos mártires.”
De nuevo, los santos y mártires siendo sustituidos por personas
que ni siquiera son católicas ni han muerto por el Evangelio. En el caso del
obispo de la diócesis de Sant Feliu, para más INRI, el pectoral fue regalo de
la diócesis de la Laguna, en Tenerife, una de las que más de cerca ha vivido el
drama de la invasión ilegal. Riéndose de
los españoles que son víctimas de una invasión con la connivencia de las
autoridades civiles, mediante la elaboración de esta cruz, la diócesis de
la Laguna demuestra que sólo ve el supuesto drama de los recién llegados y no el peligro para el bien común y la sociedad
autóctona víctima de la invasión. El total despropósito sólo se explica por
el hecho de que los obispos profesen una
nueva fe, como bien reflejó el bloggero Wanderer.
No en vano, el obispo Xabier de Sant Feliu es director del
departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española (CEE) desde
2021, y fue llamado a Roma con el cardenal de Madrid, José Cobo, expresamente
por el papa para tratar sobre la pastoral de migraciones. Un insulto a todos
los católicos. En su ceremonia de consagración, Gómez dio las gracias «a todas las personas migrantes por venir a
nuestro país y revitalizar nuestras iglesias».
Es verdaderamente indignante. Recordemos que hace algo más de un
año, un "migrante" asesinó a
un sacristán en Algeciras. Su objetivo era el sacerdote, pero se equivocó. Aquél buen hombre, Diego Valencia, sí fue
un mártir, pero los obispos españoles pasaron de puntillas por el asunto.
Aunque no estemos de acuerdo con políticas de puertas abiertas a la inmigración
ilegal descontrolada, aún podría llegar a entenderse de los obispos que hubiera
alguna intervención a favor de no prohibir la inmigración ilegal si los inmigrantes fueran católicos.
Pero es que son musulmanes, y el
supuesto bien que hacen a nuestras iglesias es vandalizarlas. Muchos de
ellos son fruto de la trata de personas, de mafias que se enriquecen a costa de
sus vidas, y su llegada sin regulación está causando muchas víctimas mortales y dañando el bien común en España.
¿Cómo puede la Iglesia, esencialmente durante el pontificado anterior, respecto
al que no ha habido cambio oficial en el actual, y muchos obispos a día de hoy,
ser partícipe de esto?
¿No sería lo lógico que el deseo por atender a los inmigrantes
estuviera inspirado en San Antonio María
Claret, con la prioridad puesta en la conversión de estas personas a la fe
católica, para la salvación de su alma? Pero no, porque es lo que tiene el
catolicismo liberal: su falsa idea de la libertad religiosa y la equiparación
de la única religión verdadera con falsas creencias como “caminos igualmente
válidos para llegar a Dios. Y actualmente, la gran mayoría de nuestros obispos
son liberales. Y probablemente han sido nombrados obispos porque lo son. Y el
liberalismo, como condenó Gregorio XVI en 1832, es pecado. Ésa es la enseñanza
de la Iglesia, que no puede ser contradicha por ella misma.

Comentarios
Publicar un comentario