La imagen muestra un momento del evento “Despierta by Infinity” que se celebró en Guatemala el pasado 8 de junio, primera ocasión, como dice la información sobre el mismo, en que llegaba al continente americano.
Y, ¿qué es Infinity? El portal de internet de la Universidad de Navarra en España, del Opus Dei, lo anuncia como un grupo de investigación dentro de su Instituto Cultura y Sociedad, centro interdisciplinar en Humanidades y Ciencias Sociales que engloba proyectos de investigación muy diversos, que tiene el “objetivo de favorecer, desde la adolescencia y la primera juventud, la adquisición de estilos de vida sexual más saludables mediante una adecuada educación integral de la afectividad y de la sexualidad”. El proyecto se plantea “líneas de actuación multidisciplinares con los padres, los colegios y el entorno social” y cuenta en su equipo con psicólogos, médicos e investigadoras post-doctorales de la Universidad de Navarra.
En la práctica, esta definición pretendidamente académica se traduce en la inclusión en el supuesto proyecto de investigación de diversos jóvenes influencers católicos que sustituyen a los investigadores y doctorandos en la organización de eventos tales como el mencionado Despierta. Antes de su celebración, la web de la Universidad lo presentaba como “un encuentro multitudinario en que investigadores expertos e influencers conversarán con los jóvenes sobre las herramientas para vivir buenas relaciones amorosas”, exponiendo en conferencias sus conocimientos y experiencias (…); e impartirán charlas inspiradoras al estilo de las Ted Talks®, con espacio para el diálogo con los jóvenes para abordar sus dudas y profundizar en sus inquietudes”. Y en la reseña a posteriori puede leerse que el evento "Despierta by Infinity" colgó el cartel de ‘sold out’ y congregó a 1.100 jóvenes guatemaltecos.
Es decir, que bajo la cobertura académica de una universidad perteneciente a un grupo liberal-conservador en la Iglesia Católica, se presenta un evento sobre noviazgo, matrimonio y relaciones sexuales capitaneados por influencers con miles de seguidores en las redes sociales subidos a un escenario, como muestra la imagen, con un patio de butacas a rebosar (¡1.100 personas!). La continua utilización de términos en inglés es continuadora del estilo que en España lanzó Hakuna, aunque también, si bien de manera menos ruidosa, el Regnum Christi. No olvidemos, por una parte, que el fundador de Hakuna, el sacerdote José Pedro Manglano, perteneció al Opus Dei, y, por otra parte, que existe otra universidad en España, la Francisco de Vitoria, de los Legionarios de Cristo / Regnum Christi, que viene ofreciendo desde hace años cursos en el ámbito universitario sobre la Teología del Cuerpo que comenzó San Juan Pablo II.
Pero no son los únicos. Hakuna lo comenzó, pero otros se unieron, en un proceso rápido pero no repentino; y finalmente, los obispos españoles han acabado haciendo suyo el formato, comenzando este 2025 con el congreso vocacional “¿Para quién soy?”, organizado por la Conferencia Episcopal Española, que reunió el pasado mes de mayo a cuatro mil personas en Madrid. Y a partir de allí, diócesis particulares celebran todo tipo de eventos con el mismo formato: un escenario, preferiblemente en un pabellón deportivo, para que pueda congregarse una multitud, miles de personas en la platea, en pie, para poder bailar al son de la música de estilo Hakuna que suena sin parar a lo largo del evento, salpicado de charlas de influencers, bebida y comida, y una Misa, con suerte, celebrada por el ordinario del lugar para concluir, celebrada sobre el mismo escenario y concelebrada por decenas de sacerdotes.
Cabe detenerse un momento para destacar dos aspectos fundamentales de la situación que se está perfilando aceleradamente en la Iglesia en España: por una parte, que el mundo influencer es exclusivamente neoconservador, ya sea que pertenezcan a un movimiento de la Iglesia o no; y por otra, la sorprendente homogeneidad de todos ellos, si bien, en principio, no es el mismo el carisma que el Espíritu Santo ha dado al Opus Dei que a los Legionarios de Cristo / Regnum Christi, y tampoco una diócesis se reduce al carisma de un movimiento concreto.
Veamos tanto la puesta en escena de estos eventos como a sus conductores: la puesta en escena, ¿no recuerda a la de cualquier secta evangélica? Una sala de actos, música sentimentalista y un predicador que interpreta a su manera subjetiva la Sagrada Escritura. El predicador, y ahora vamos con los conductores de los eventos, puede ser cualquiera de las decenas de influencers católicos famosetes que existen en España, quienes - dato curioso a la vez que indignante-, han recibido de facto recientemente la legitimación de algunos obispos para hablar en nombre de la Iglesia; obispos que han delegado en los influencers la misión de enseñanza que a ellos les pertenece, renombrándoles como “evangelizadores digitales”. O, lo que es lo mismo, algunos obispos han decidido hacer dejación de sus funciones, convirtiendo a estos chicos de dudosa formación en portavoces de la Iglesia para “los jóvenes”. A la cabeza, don José Cobo, cardenal arzobispo de Madrid quien, entre otras cosas, tras reunirse en un “afterwork” con varios de ellos, “les impulsó en su trabajo” (sic) y a preparar el Jubileo.
Uno puede preguntarse, llegado este punto, qué “trabajo” hacen esos influencers entre los veinte y los treinta y cinco años, además de ser “evangelizadores digitales”. Hace un momento hemos hablado de “decenas”, pero hay un top 10 ó 15, en realidad, que son el perejil en todas las salsas. Algunos de ellos son sacerdotes, otros son religiosos y otros, laicos, sí trabajan por cuenta propia o ajena porque ya lo hacían antes de descubrir su vocación a evangelizar en el “continente digital” y recibir el flamante nombramiento de “evangelizadores digitales”. Otros, sin embargo, a quienes esta llamada tumbativa de Dios pilló bien jóvenes, han hallado la forma de ganarse el pan como evangelizadores digitales full time, anunciando marcas y estando realmente en todo evento que se organiza en diócesis, parroquias, movimientos y siendo el joven católico de referencia para medios de comunicación de masas del mundo o de la Iglesia para comentar cualquier noticia relacionada con “los jóvenes” (así, como una masa amorfa) y temas polémicos que afectan a la Iglesia. Los más avispados han desarrollado incluso sus propias marcas y son capaces de mantener sus montajes - basados fundamentalmente en dar charlas sobre el noviazgo o el matrimonio y el sexo - gracias a la labor de unos cuantos voluntarios que permiten al líder sostenerse económicamente de ello. Sólo hay que echar un vistazo a las redes sociales para identificarles y no hay que ser el primero de la clase para darse cuenta de que evangelizar se está convirtiendo en un negocio y un modus vivendi para unos cuantos.
Pues bien, son estas personas quienes suben a un escenario e, investidos de autoridad por los propios obispos, enseñan a la juventud sobre lo que parecen temas diversos pero que acaban siendo siempre los mismos: el noviazgo, el matrimonio y el sexo, desde una perspectiva absolutamente liberal en cuanto a su visión de la fe y la sociedad. Una visión, de facto, como vemos en la dinámica que vamos describiendo, que es al fin y al cabo de estilo pentecostal, porque cada uno comparte su experiencia subjetiva sobre cualquiera de estos temas.
Esta pátina viscosa homogeneizadora de sentimentalismo ha calado también fuera de los focos de las redes sociales y los grandes conciertos y encuentros diocesanos. Incluso en lo que hace una década eran parroquias de la órbita del Opus Dei, con su sobria liturgia, se han incorporado desde hace unos años a la adoración del Santísimo canciones de corte emotivista carismático (es decir, “pentecostal católico”) y alabanza con los brazos en alto, como es el caso paradigmático de la parroquia de Santa Inés en Barcelona; por diversos casos que conozco de primera mano, pienso que son estas personas del ambiente del Opus Dei, tal vez “estancadas” en su sobriedad y en su progresivo mutismo doctrinal durante los años del pontificado de Francisco, las que han alimentado el crecimiento desmedido de los retiros de Emaús y similares, caracterizados también por este sentimentalismo.
Sobre este fenómeno, en una conversación interesantísima en el Canal de Youtube Tekton entre los sacerdotes Gabriel Calvo Zarraute y Charles Murr sobre el Compendio de la Fe del Obispo Athanasius Schneider, el P. Calvo Zarraute se lamenta de que muchos fieles (“mucha gente buena”) nutre la piedad sin nutrir el fundamento de esa piedad con un contenido doctrinal, dogmático, abogando por la búsqueda del equilibro entre las éstas y la formación doctrinal, con el fin de vivir una piedad que no sea sentimentalista, sino teológica, profunda”, y considera que “este fenómeno puede deberse al hecho de que la Iglesia ya no enseña las verdades reveladas, y los fieles hacen lo que pueden para nutrir su espiritualidad”. El Regnum Christi, relativamente silencioso en España, parece el gran tapado neoconservador en este trabajo de expandir un catolicismo liberal emotivista y subjetivo, centrado exclusivamente en una pastoral del sexo y del cuerpo, gracias a su red de escuelas y su universidad Francisco de Vitoria.
Tratando sobre esta cuestión esta pasada semana con una gran amiga, ella se preguntaba en qué proporción numérica debía situarse esta manera de vivir la fe que podríamos llamar neoconservadora pentecostal con la liturgia postconciliar de las parroquias de barrio y de pueblos; liturgia ésta que ella denomina “ratonil”: esa liturgia plana que ha hecho perder la fe a miles de personas
Y llegamos a la conclusión, aun sin datos cuantitativos, de que la liturgia aburrida y plana de las parroquias al uso, que ha alterado la fe de los fieles hasta anestesiarla o matarla, debe ser seguramente la mayoritaria, la más extendida. Pero se agota, por la misma biología: no hay relevo en los fieles ni ordenaciones sacerdotales suficientes, así que los obispos van agrupando parroquias bajo un mismo párroco. Y que se agota quiere decir que morirá, más pronto que tarde. Que continuarán cerrando al culto numerosas parroquias.
En el planteamiento de la irrupción de este pentecostalismo neoconservador o conservadurismo católico pentecostal y su representatividad en el global de la Iglesia en España no tuvimos en cuenta al progresismo extremo, mucho más envejecido y disminuido que el grueso de fieles de Misa dominical sin estridencias y, por tanto, con un futuro aún más breve, porque la media de edad de sus miembros debe ser de 85 años, tirando a la baja.
Y esto nos deja ante una desoladora evidencia: si la práctica católica dominical con fieles que no pretenden destacar (pero tampoco ir más allá de lo básico) se muere por inanición y el progresismo muere de vejez; y si tenemos en cuenta que los fieles de la Misa de siempre no representan más del 5% ó 10% del total (si bien su tendencia es ascendente numéricamente), nos quedamos ante la constatación de que lo que da números a la Iglesia en contextos urbanos en España a partir de la generación boomer (es decir, los boomers, sus hijos y sus nietos), es el tipo neoconservador pentecostal. Personas que se van a acostumbrar a que se celebra un jubileo con musiquita, cervezas y charlitas de influencers; que se celebra un encuentro diocesano de la misma manera pero con una Misa sobre el escenario o exponiendo el Santísimo con un foco, y que llora desde la platea abrazados y con los brazos alzados (alternativamente, claro está), balanceándose al ritmo de música con letras que consiguen introducir en la mente y el corazón de los jóvenes unos principios religiosos que no son los de la fe católica de siempre, sino los liberales. Un claro y pernicioso ejemplo de ello es la letra de cualquier canción de Hakuna, que suena en todos los eventos, y que muestra el enfoque antropocéntrico y subjetivo de la fe, es una de las principales características de la fe y la liturgia modernistas. Una música en que cuesta distinguir si se está alabando a Dios o se trata de una balada de amor adolescente.
Así pues, por cuestión biológica de edad y reemplazo general, parece que el futuro a corto y medio plazo de la “Iglesia viva”, que se mueve, que congrega jóvenes, es esta iglesia neoconservadora pentecostalizada y emotivista. Y el hecho de que tal vez el fenómeno sea solamente español no lo hace menos lamentable, ni tampoco lo relativiza, puesto que la tendencia es a la expansión: el Regnum Christi llegó de México y sigue siendo potente allí y los audaces evangelizadores digitales de Infinity de la Universidad de Navarra ya han plantado una pica en Guatemala.
¿Puede ser esta situación fruto del rotundo fracaso que tuvieron las pastorales abiertamente progresistas tan típicas de los años ’80 y ’90, y ante la evidencia de la preferencia de los jóvenes porque la religión fuera religiosa y no sólo sociológica, han comenzado a surgir grupos juveniles, que se reproducen rápidamente en diversas variantes, que son abiertamente cristianos, se acercan a los sacramentos y a las Escrituras y discuten temas propios de la religión?, como se preguntaba Wanderer en la publicación de una versión anterior de este artículo. ¿Podemos decir que hay un retorno a la fe, un reavivamiento del cristianismo, como triunfalmente están diciendo en España obispos e influencers de todo tipo?
Si bien esto es ya otro tema, sí sería lógico un despertar de la espiritualidad y el deseo de trascendencia inherente al ser humano tras una larga modernidad materialista e inmanentista, en un movimiento propio de la ley del péndulo. Por otro, cabría preguntarse a qué “espiritualidad” se estaría produciendo el reavivamiento en el caso católico; porque todo parece lo mismo, como hemos dicho: carismas eclesiales varios que congregan números compuestos sociológicamente por niños (y no tan niños) pijos, un catolicismo liberal baso en la experiencia subjetiva y el emotivismo. En suma, algo que parece otra religión.
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