La imagen de la izquierda
corresponde al interior del santuario de Nuestra Señora de Meritxell, en
Andorra, diócesis de Urgel. La de la derecha, a una logia masónica.
¿Cómo es posible tal parecido? ¿Cómo es posible que la iglesia de Meritxell no parezca un templo católico?
Veamos qué ha ocurrido en la
historia reciente de este santuario.
La Virgen de Meritxell es la patrona de Andorra, “el país de los
Pirineos”. Cuenta la tradición que un día de Reyes, de la Epifanía del Señor,
un pastor se dirigía hacia Canillo para asistir a Misa. A mitad de camino,
pasando por el lugar donde ahora se erige el santuario, vio algo sorprendente:
una zarza, que debía estar desnuda por el frío, estaba repleta de flores.
Atraído por aquel fenómeno insólito, se acercó y, bajo el arbusto, encontró una
talla de madera de la Virgen María. El pastor avisó a los vecinos del pueblo
quienes, emocionados por el descubrimiento, llevaron la talla de madera a la
iglesia de Canillo y la colocaron en el altar mayor, con la promesa de
construirle una capilla propia. Pero al día siguiente, cuando el sacristán
entró en el templo, la talla de madera de la Virgen ya no estaba. La buscaron
por todas partes, hasta que la encontraron baja la misma zarza. Hubo otros
intentos de trasladarla a otros lugares, pero ella volvía al lugar original.
Así que los lugareños pensaron que eso significaba que la Virgen quería
quedarse allí, y le construyeron un santuario.
En 1873 Meritxell fue declarada
oficialmente patrona de Andorra y en 1921, tras la aprobación del Papa, fue
coronada.
La noche del 8 al 9 de septiembre
de 1972 el santuario de Meritxell, donde
se veneraba la imagen de la Virgen desde el siglo XVII, fue pasto de las llamas
y quedó reducido a cenizas. Apenas se mantuvo en pie alguno de sus muros.
Ni la imagen medieval de la Virgen ni el patrimonio artístico y litúrgico del
templo pudieron librarse del fuego.
La conmoción fue total e
inmediatamente se decidió reconstruir el santuario. Se plantearon entonces dos
opciones: volver a levantar la iglesia a la manera de la histórica o reconstruirla según las modas
arquitectónicas de los años 1970. Se apostó por la segunda opción (¡oh,
sorpresa de la Iglesia del post-Concilio Vaticano II) y se encargó el proyecto
a uno de los arquitectos con más proyección del momento: el catalán Ricardo Bofill. En su taller de
arquitectura participaban ingenieros y urbanistas, pero también sociólogos,
diseñadores y artistas de diversas disciplinas, que tenían un talante innovador
y ecléctico. Su objetivo era crear obras que se adaptasen al lugar y contexto
en que se enclavaban. Y así se llevó a cabo la reedificación del santuario de
Meritxell.
¿Quién se hizo cargo económicamente de la reconstrucción del santuario?
¿Quién eligió al arquitecto? ¿Qué papel jugó el obispo de Urgel, Joan Martí
i Alanis (1971 – 2003)? Bien, en Andorra ya sabemos que política y religión
andan de la mano no precisamente para bien, así que es difícil poder decir si
fue el gobierno andorrano o el obispado, cuando el obispo es co-príncipe.
Las obras de reconstrucción se
iniciaron el 8 de septiembre de 1974 y la inauguración se realizó el 8 de septiembre
de 1976, sin estar finalizado aún el trabajo, el 8 de septiembre de 1976,
coincidiendo con el día de celebración de la Virgen de Meritxell. Al proyectar
el nuevo santuario, el arquitecto afirmó querer reflejar algunos elementos
simbólicos que manifestaran las particulares connotaciones del espacio: con el
sol incrustado sobre el altar quiso significar el nombre de Meritxell, que
proviene, según el filólogo Coromines, de la palabra latina “meridien”,
mediodía; con las dos naves que se cruzan, quiso representar la confluencia de
los caminos que llevan de una a otra frontera; con las paredes recortadas
horizontalmente por la parte superior y el claustro descubierto, pretendía
reflejar la protección de la Virgen, que vela sobre el cielo de Andorra.
El santuario fue inaugurado en
1978 y el resultado puede verse en estas imágenes: un gran templo de piedra de
pizarra y madera rodeado por montañas y bosques. Los materiales son propios de
las tradiciones constructivas locales. Se supone que la inspiración para los
gruesos muros, los arcos de medio punto y el alto campanario son las ermitas
románicas. Estas inspiraciones tradicionales, además, se complementan y
transforman con la arquitectura
postmodernista de Bofill. Un artículo del periódico la Vanguardia que describía el templo, consideraba propio de esta
arquitectura de Bofill “la desaparición de las pinturas murales típicas del
medievo y el uso de un intenso color
blanco, que contrasta aún más con el tono oscuro casi negro de la pizarra”.
Pues bien, lo que La Vanguardia
consideraba “una revisión de la
tradición” parece más bien un ejercicio de iconoclastia y la réplica de una
logia masónica que un templo católico.
Miren si no las imágenes que
ilustran este texto. Y pensemos en el nombre completo del arquitecto principal
de la reconstrucción: Ricardo Bofill
Leví. Bofill Leví nació en 1939 en Barcelona, de madre judía italiana y padre catalán. Y ya saben que el judaísmo
se transmite por la madre: si la madre
es judía, el hijo es judío. Desde mediados de los años 1950, Bofill Leví militó en el Partido Socialista Unificado
de Cataluña (PSUC), estudió en Barcelona y Ginebra y en 1963 creó su propio
taller de arquitectura. El taller recibió infinidad de premios internacionales
desde sus inicios debido a la “originalidad” de sus obras. En 1970 establece
una segunda sede en París y Bofill Leví obtiene el título de arquitecto en
Francia por la Ordre National des
Architectes. Su relación con las
autoridades francesas fue estrecha. Eran los años de Georges Pompidou, símbolo
de la modernización de Francia. Pompidou, mano derecha del general De
Gaulle desde el final de la II Guerra Mundial, había sido director del Banco Rotschild en los años 1940 y en
su juventud había sido militante trotskista.
El arquitecto Bofill Leví, por su
parte, con una creatividad multidisciplinar, no se dedicó sólo a la
arquitectura, sino que hizo incursiones en el cine y la escritura. Sin ir más
lejos, en 1975 publicó en la Revista de Occidente el “Manifiesto del Diablo sobre Arquitectura y urbanismo”.
He estado buscando referencias al
inquietante parecido entre el interior de la iglesia de Meritxell y el de una
logia masónica, pero en ninguna parte se hace alusión a ello. El templo tan
sólo recibe alabanzas. Pero no digan que no es perturbador. El juego de blancos
y negros en el interior de la iglesia (basílica menor, por cierto), ese altar
circular con fieles por todos los flancos y la mencionada falta absoluta de
imágenes. Y todo ese trotskismo, masonería y judaísmo que rodea a los
personajes implicados, directa o indirectamente, en la reconstrucción.
La elección de un arquitecto no
católico no fue un hecho aislado en la construcción de iglesias de la
vertiginosa década de los 1970, que parecían disputarse el galardón a la fealdad. Pero, ¿era necesario que además fuera tan de izquierdas, tan rupturista y
judío? ¿Es posible el recogimiento y la mirada hacia lo alto (ahora que
está tan en boga esto de “alzar la mirada”, así, sin más, sin mencionar a Dios)
en tal cajón en blanco y negro, sin ninguna imagen que llame a devoción?
Llámenme conspiranoica, pero creo
que el general Franco no andaba nada desencaminado en aquello de la
“conspiración judeo-masónica y comunista”. Si no está infiltrada la Iglesia por
la masonería y si no tienen los judíos que ver con esta filosofía anticatólica,
que venga Dios y lo diga. Quien lea,
entienda (Mt 24, 15).
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