Vamos a comenzar con algunas consideraciones importantes que nos sitúen en el tema que pretendemos abordar.
Por una parte, León XIV se ha revelado ya como un papa nefasto. Superar a Bergoglio parecía imposible pero, en solo un año, si no lo ha superado, como mínimo le ha igualado. Nos engañó saliendo a la logia con muceta y estola el día de su elección, pero no ha derogado ningún texto heterodoxo del papa anterior, no ha retirado a ningún prefecto hereje, ha continuado reforzando la cuota de género en la curia, prosigue con la sinodalidad y celebra el mes del cuidado de la casa común.
Además, cuando celebra fuera del Vaticano suele haber “monaguillas” adolescentes en el presbiterio; además, no tuvo tiempo para reunirse con la FSSPX, no hizo nada para que no se produjera una ruptura, pero sí ha tenido ocasión de reunirse con señoras disfrazadas de obispo y de decir a los luteranos que lo católicos y ellos, herejes, tenemos una “misión común”. La tendrá él, tal vez, por lo que parece, pero no la Iglesia Católica Apostólica. Finalmente, una cuestión, no menor, es que, tras haber pedido a la curia en el inicio de su pontificado que le ayudaran a restaurar el derecho en la Iglesia, se lo salta olímpicamente. Véase como ejemplo el gravísimo asunto del ex sacerdote Lute en Perú y cómo se ha no-resuelto.En segundo lugar, aunque es cierto que las demarcaciones diocesanas en España no corresponden a comunidades autónomas, y aún menos a provincias, me resulta de alguna manera inevitable fijarme con preferencia en la Iglesia en Cataluña, con sus diez diócesis.
Y, finalmente, sabemos que hubo periodos en la Iglesia en que, compuesta en su parte terrena por hombres pecadores, se regalaron mitras a personajes cuyo único mérito era ser miembros de familias ilustres. En ese sentido, que eso continúe ocurriendo, aunque lamentable, no es nada nuevo.
Pero que el sacerdote Jordi Bertomeu pueda llegar a ser obispo de Barcelona es ya otro nivel. Y con esa noticia nos hemos desayunado un par de días a principios de septiembre; y no una, sino dos veces: en InfoVaticana y en Germinans, que comentaba la anterior. El desasosiego es máximo.
Ello no sería sino la constatación de que la iglesia sinodal ha descartado todo lo bueno que tiene la Iglesia, que es tantísimo, y se ha quedado sólo con los vicios más deleznables, como, entre otros, el caciquismo, los dedazos episcopales y los premios a méritos más que dudosos.
Ciertamente, en Cataluña, existe hoy una colección de obispos bastante o muy malos en general. Perros mudos, políticamente correctos, serviles ante el mundo y demás. Entre los últimos nombramientos, Planellas (no tan reciente) en Tarragona y Palau en Lérida eran al menos párrocos y profesores además en la facultad de teología de Cataluña.
Por su parte, el mérito del dominico Gómez de Sant Feliu era ser amigo del cardenal Cobo, con quien trabajó en la sección de migraciones de la Conferencia Episcopal Española. Pero, además, tiene experiencia pastoral, pues ha sido párroco en diversas parroquias de la diócesis de San Sebastián y prior de un convento de su orden durante un trienio.
Pero entre los nombramientos a sedes episcopales catalanas existe un precedente a la escasa o nula experiencia pastoral de Bertomeu. Porque de Bertomeu se sabe que nació en 1968 y fue ordenado sacerdote en la diócesis de Tortosa en 1995. Que en 2002 fue vicario judicial y profesor de derecho canónico del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la misma diócesis y que en 2012 fue asumido como Oficial de la Sección Disciplinar de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Podemos imaginar que, entre su ordenación, en 1995, y 2012, fecha en que entró en plantilla de la CDF, fue vicario y/o párroco en su diócesis, pero no se encuentra dicha información en los sitios de búsqueda más habituales de la red. Es decir, se le supone experiencia pastoral, pero ésta no figura entre sus datos biográficos publicados.
En caso, empero, de que no tuviera esa experiencia pastoral, su posible nombramiento episcopal no sería un caso inédito en la Iglesia en Cataluña; ya existe otro entre los recientes nombramientos: el de Serrano Pentinat en la diócesis de Urgel. Nombrado obispo a los 47 años, Serrano era un funcionario de nunciatura con veinte años de carrera diplomática pero mínima experiencia pastoral en sus primeros años de ordenación en pequeñas parroquias rurales de Tortosa, su diócesis de origen (la misma que Bertomeu). Secretario personal de Edgar Peña Parra en el momento de su nombramiento, que era entonces (2024) sustituto de la secretaría de Estado (es decir, el número 3 en el organigrama vaticano).
Serrano recibió la mitra de Urgel - que significa la de Andorra-, no se sabe si como premio a sus gestiones con el pufo inmobiliario londinense, porque el Vaticano tiene cuentas en Andorra o porque sabe demasiado de lo anterior por su cercanía a Peña Parra y, como consecuencia del coprincipado andorrano que conlleva la sede de Urgel, se le garantizaba con el nombramiento la inmunidad diplomática. Fuera la razón que fuese entre éstas, o un poco de todas, a Serrano se le regaló una mitra sin prácticamente ninguna experiencia pastoral en una diócesis muy concreta que conlleva una responsabilidad política. En ese sentido, no extrañó tanto en su momento el bagaje del elegido, puesto que se supuso que se le nombraba exclusivamente para la cuestión andorrana y las pretensiones de su gobierno de la despenalización del aborto, y no para que fuera un pastor de almas.
No es que yo sepa mucho de esto, pero me parece bastante evidente que Serrano, ajeno a tareas pastorales y a la Iglesia en Cataluña, no debió aparecer en ninguna terna propuesta por el nuncio en España, sino que tiene todo el aspecto de haber sido un dedazo. Exactamente igual que lo sería el hipotético nombramiento de Bertomeu para Barcelona. A este respecto, en su momento, el portal Germinans Germinabit explicó cómo al ahora emérito de Urgel, el arzobispo Joan Enric Vives, el nombramiento de Serrano como coadjutor y sucesor le pilló totalmente por sorpresa.
No sería descabellado entonces que al sacerdote Jordi Bertomeu Farnós, nombrado por el papa Francisco Prelado de Honor de Su Santidad “por su papel en la persecución de la pedofilia en la Iglesia”, le regalaran la mitra de Barcelona. Nombramiento que le catapultaría inmediatamente al cardenalato y ¡le convertiría en papable! Hay que ser consciente del peligro que ello supone para la Iglesia y para las almas.
¿Los méritos de Bertomeu para recibir una mitra? Como concluía el cojo de Calanda en su artículo en Germinans Germinabit del pasado 3 de septiembre, saber demasiado. Y para que esté contento y calladito, le regalarían una mitra importante. Insiste el Cojo: el nombramiento de Bertomeu a Barcelona sería “la prueba definitiva de que en Roma ya no queda nadie con ganas de decir ´no´ al que sabe demasiado”. Demasiado sobre unas cloacas vaticanas que no debieran existir.
Ya que hablamos de méritos, veamos brevemente si se trata de un concepto adecuado en la cuestión de la elección de obispos, antes de continuar con el relato sobre Bertomeu. Porque tal vez, más que de méritos, sería más propio hablar de idoneidad para el cargo: a pesar de lo mucho que ha variado a lo largo de la historia de la Iglesia la manera de elegir a los obispos (desde la primitiva elección por parte del pueblo a la elección por parte de los gobernantes civiles y, finalmente, del papa en la mayoría de los casos), siempre se ha precisado investigar, examinar y certificar la idoneidad de los candidatos al episcopado.
Tal vez, llegados a este punto, habrá quien piense que hablamos por hablar. Y es posible que sea así. Pero ya conocemos aquello de que “cuando el río suena, agua lleva”, y dos medios fiables como InfoVaticana y Germinans (que acertó con el nombramiento de Omella cuando nadie lo consideraba posible) han expuesto a Bertomeu como posible candidato a la sede de San Paciano. Entonces, ¿es Bertomeu un candidato idóneo al episcopado?
Digamos para resumir que, si por algo se ha dado a conocer internacionalmente el personaje es por representar la manera de operar más propia de una mafia que de la Iglesia Católica. En un artículo del 15 de abril de 2025 en InfoVaticana firmado por Erwin Scheuch, miembro del Sodalicio, se exponían las acusaciones que posteriormente han ido multiplicándose sobre la manera de actuar de Bertomeu: ambición, intereses económicos, conflicto de intereses, entrevistas con amenazas, manipulación, revelación de secretos, difamación, auto-propaganda: con la excusa de sus cargos, que debieran ser discretos, cobra por viajes donde busca figurar como el enviado del Papa ante miles de personas, sea en Filipinas, en Ecuador o en Bolivia (a través de ciertos medios que siempre son los mismos, el más rancio progresismo heterodoxo). Pero, sobre todo, lo más llamativo, tratándose de un doctor en derecho canónico, es la falta más absoluta de garantías canónicas en todo lo que pasa por sus manos, abusando de su poder al estilo Bugnini (“lo ha dicho el papa” o “el Santo Padre está de acuerdo”, sin pruebas). En el caso del Sodalicio, según Scheuch, en un informe de 4.500 páginas fruto de las investigaciones de Bertomeu, la mayoría de los hechos alegados por el mismo se probaron falsos, y los que sí sucedieron o causaron escándalo décadas atrás ya habían prescrito y se habían reparado. Según testigos, Bertomeu actuó saltándose la ley, ejerció de juez y verdugo cuando se le había designado en calidad de investigador y, habiendo escuchado sólo a una parte interesada, llegó al Perú con la decisión ya tomada de liquidar el Sodalicio.
El artículo finalizaba con la siguiente reflexión: “Tras su paso, deja un sinfín de fieles perdidos, de católicos perjudicados en sus derechos, de sacerdotes sin parroquias, de promesas pecuniarias hechas a periodistas y activistas. Todo un escándalo para la Iglesia de la misericordia. Éste es Jordi Bertomeu Farnós, el todopoderoso funcionario del Vaticano. Tras Chile y Perú, ¿dónde le llevará ahora su ilimitada ambición?” ¿Le llevará a Barcelona?
En caso de que ocurriera, no se podría exculpar al Papa del penoso nombramiento de un sacerdote de casi sesenta años que viste unos impúdicos vaqueros elásticos. El papa no podría escudarse en los sospechosos habituales Truchos y Roches. Porque conoce a Bertomeu, no ha dejado de encomendarle misiones especiales y su cercanía no es discutible; a menos, que Bertomeu siga mintiendo al estilo Bugnini en su reciente libro “Parroquias dirigidas por laicos”, en las que se congratula de su cercanía con el Pontífice, hablando en todo momento de Francisco / León XIV en cuanto a sus misiones para la Santa Sede, en una total continuidad que él expone como una extensión o fusión.
Sería verdaderamente dramático para la diócesis de Barcelona (y para cualquier diócesis, en realidad) que un personaje así fuera nombrado obispo. Un obispo es un sucesor de los Apóstoles. No lo olvidemos. Que una mitra se convierta en un premio o recompensa no sólo a pesar de la falta de idoneidad del candidato, sino como pago a su falta de escrúpulos y su baja catadura moral, confirmaría que estamos aún peor de lo que queremos creer.

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